05
Ago 2016

En una espléndida Sesión, realizada el día jueves 14 de julio a las 18.00, se incorporó el Excelentísimo Señor Embajador, de la hermana República de México, Jaime del Arenal Fenochio, como Miembro Correspondiente Extranjero.  El auditorio Manuel de Guzmán Polanco, lució abarrotado.

Entre los invitados, cabe destacar, un grupo de Embajadores de países amigos: de Colombia, Ing. Fernando Panesso; del Estado Pluricultural de Bolivia, Comp. Juan Enrique Jurado Ruíz; del Perú, Dra. Elizabeth Astete Rodríguez; de la República Árabe Saharaui, Sr.  Alí Salem Sidi Zein; e integrantes del Cuerpo Diplomático y Consular, nuestros académicos y los amigos de nuestra Institución, que acuden con frecuencia a los diversos eventos.

El Dr. Jorge Núñez Sánchez, en su intervención de bienvenida, se refirió a los orígenes de la Academia Nacional de Historia, relievó la trascendencia de este nuevo aniversario de fundación, su profunda vocación americanista, y en esta línea de trabajo, se congratuló al brindar una cordial y fraterna bienvenida al nuevo Miembro Correspondiente Extranjero de la Institución.

Más adelante, realizó una exposición sobre su formación académica, trayectoria y logros profesionales:  “El Dr. Jaime del Arenal Fenochio, cursó estudios de posgrado en Historia del Derecho Indiano e Historia del Derecho Español en la Universidad Complutense de Madrid (1979-1980), y la maestría en Historia de México en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1985-1987). Finalizó los cursos de doctorado en Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra, en Pamplona, España (1996-1998) y obtuvo el título de Estudios Avanzados, previsto por el ordenamiento jurídico español, en la misma facultad (1998)”. 

Hizo énfasis en sus méritos, condecoraciones y dio lectura a sus libros publicados:

“Es autor de los siguientes libros, entre otros: El pensamiento mexicano sobre la Constitución de 1917. Antología (1987); Hombres e historia de la Escuela Libre de Derecho (1999); Agustín de Iturbide (2002, 2ª.ed., 2004); Un modo de ser libres. Independencia y constitución en México. 1816-1822 (2002, 2ª. ed., 2010); Cronología de la Independencia. 1808-1821 (2010), Unión, Independencia, Constitución. Nuevas reflexiones en torno a “Un modo de ser libres” (2010); e Historia Mínima del Derecho en Occidente (2016)”.

Más tarde, el Dr. Jaime del Arenal Fenochio, presentó su discurso “Sobre la importancia de la Historia del  Derecho en la Formación de Juristas e Historiadores Latinaomericanos”, muy aplaudida por los asistentes.  

Al inicio de su disertación, del Arenal Fenochio, planteó: “Constituye para mí un altísimo honor   la decisión tomada por la Honorable Academia Nacional de Historia del Ecuador de incorporarme a su claustro académico como miembro corresponsal extranjero. Quiero ver en esta decisión un motivo más de afecto hacia el país que orgullosamente represento por parte del noble pueblo ecuatoriano, representado ahora por sus más distinguidos historiadores, que un reconocimiento a los modestos méritos intelectuales de quien solo ha querido servir a su patria desde el ámbito de la historia tanto en la docencia como desde la diplomacia. Gracias por recibir a un segundo historiador mexicano en este foro, ennoblecido por ser el espacio donde han confluido ilustres historiadores ecuatorianos de la talla de Federico González Suárez, Jacinto Jijón y Caamaño, Julio Tobar Donoso, Jorge Salvador Lara, y Juan Cordero Íñiguez, por citar sólo a algunos de sus directores ya fallecidos”.

El Nuevo Miembro Correspondiente, puntualizó que su investigación está basada: “En el número de libros que la prensa ecuatoriana ha publicado bajo los títulos “historia del derecho”, historia jurídica, o “historia de las instituciones jurídicas” sin apelar a otros adjetivos como “civil”, “mercantil”, “penal”, o el más frecuente, “constitucional”; así como el de los títulos de revistas y publicaciones periódicas ecuatorianas que unen estos dos conceptos”.

Pasó revista a las más importantes publicaciones realizadas por eruditos abogados, a  partir de 1925, entre ellos: Gonzalo León, Carlos Cueva Tamariz, Francisco Zevallos Freyre, Claudio Mena Villamar, el abogado y sacerdote quiteño, quien llegó a ser Arzobispo de Guayaquil, Juan I. Larrea Holguín, Arturo G. García Unda, el recordado padre de origen español, José Reig Satorres, catedrático de historia jurídica en las universidades Católica Santiago de Guayaquil y de los Hemisferios, y el arzobispo Larrea Holguín, el profesor argentino de Historia del Derecho en la Universidad de Buenos Aires, Ricardo D. Rabinovich-Berkman, los hermanos Carlos y Enrique Estarellas Velázquez,  Carlos Castro Riera.

Ofreció sus comentarios con relación a un “estudio somero” realizado sobre la malla curricular de once de las principales Facultades de Derecho en el país.

El auditorio Manuel de Guzmán Polanco lució abarrotado por los invitados

 

Más adelante, analizó los orígenes de la Jurisprudencia, impregnados de la tradición legalista, impuesta por la corona española, a partir de la promulgación de las “Leyes de Indias”; la evolución de la jurisprudencia, al tenor de los problemas éticos, a lo largo del devenir histórico, en el siglo XVIII; el complejo rumbo de los siglos XIX y XX, sus  contradicciones, entre el dogmatismo, la codificación y la reducción legalista; las concepciones jurídicas occidentales; las características y la evolución de la jurisprudencia en América Latina, siguiendo los modelos francés y español.

Del Arenal Fenochio, manifestó: “La experiencia de los latinoamericanos en estas dos últimas centurias y en los comienzos de la actual puede demostrar con creces las consecuencias de este maridaje entre formas rígidas y consagradas y contenidos de lo más diverso y contradictorios, a veces justos y en ocasiones irracionales o auténticamente inhumanos”.

“A nuestra generación le correspondió observar los alcances inhumanos de la ley, exhibir las posibilidades de sus límites, y constatar el agotamiento del modelo legalista que pudo justificar cualquier comportamiento, conducta o acción, por más inmoral e inhumano que fuera, siempre y cuando fuera ordenado mediante una disposición revestida de legalidad a través del acatamiento de los requisitos formales establecidos por procedimientos legislativos ad hoc”.

Más adelante, del Arenal Fenochio, enfatizó:  “El auténtico sentido del valor de los estudios histórico-jurídicos para los juristas, sean abogados, jueces, notarios, consultores, académicos e incluso legisladores: liberarlos de la legolatría para, de esta forma, contribuir a la creación del Derecho con soluciones inéditas, imaginativas, prudentes, realistas y justas a los miles de problemas humanos y sociales -también inéditos- que una realidad humana en frenética transformación nos presenta nuestro tiempo y nos presentará mayormente durante las próximas décadas el siglo que vivimos”.

Realizó una amplia exposición sobre los retos del historiador del Derecho en nuestros días, especialmente, en el ámbito latinoamericano: “Contribuir, primero, a la liberación de una dogmática demasiado ceñida al respeto de la ley y, segundo, contribuir con su saber especializado, con sus virtudes –prudencia y justicia-, su sentido moral y su compromiso con la realidad, a que dicha dogmática se enriquezca y responda a los graves problemas de nuestra época”.

Al concluir la sesión, se ofreció un vino de honor a los asistentes.

 

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